La Permanencia de la Arquitectura (V). El movimiento Perpetuo. Símbolo de la modernidad

«La pasión moderna por el cambio es, desde el principio, una forma de resentimiento»

François Xavier Bellamy – Permanecer.

Según varios de los autores citados, la llegada de la modernidad, tanto en el arte, como en la época social, se produce por una consecución evolutiva de la historia que provoca finalmente una modificación de valores heredados, una pérdida de conciencia del porqué de las cosas o cambio de mentalidad sobre estas cosas, dada por descubrimientos científicos y sus interpretaciones que provocan un temblor en lo que se creía establecido.

Así por ejemplo Sedlmayr en “Verlust der Mitte” (El arte descentrado), desde el punto de vista de las artes ve que existe una pérdida de sentido de lo humano, hasta el punto de despreciar totalmente al hombre y va, como dice Nietzsche, queriendo superar a lo humano y en consecuencia a lo arquitectónico que regía sobre las demás artes.

Bellamy deja en su texto un sentimiento constitutivo del hogar, dejando entrever que la arquitectura es raíz de la permanencia. El lugar, el espacio está presente en su obra, aunque de forma sutil:

«La casa es más que la suma de las piedras que la componen, es más de lo que la inteligencia puede calcular. Conocer la casa supone algo más que medirla al detalle: supone amar a quien la ha fundado y a lo que permanece en ella. «El amor a la casa es una manifestación de la vida del espíritu».

François Xavier Bellamy – Permanecer.

Vemos que el hombre ha sucumbido a la velocidad. Siguiendo los escritos de Antoine de Saint-Exupéry y su pasión velocista de joven, que en su madurez no era más que una fascinación vacua.

El mundo, ha sucumbido al cambio, al cambio constante, a la no conformidad con las cosas, a un odio hacía las cosas que permanecen, que nos constituyen y que nos hacen humanos. Podemos ver claramente en nuestros tiempos como la lucha contra lo establecido, el transhumanismo, querer superar la barrera de lo humano, son realidades que todos vivimos; Bellamy ve en Saint-Exupéry una reflexión necesaria y posiblemente la cita más relevante de este trabajo:

“No son las realidades materiales las que están en juego, sino lo que las conecta, lo que nos une a ellas, eso que hace que el mundo sea humano[…]. Saint-Exupéry se daba cuenta de que lo primero que estaba en peligro era un cierto equilibrio interior de la conciencia, que es la condición para que las realidades exteriores formen un universo a nuestro alrededor, para tener la ocasión de construir un mundo humano, libre, en el que sea posible una vida verdadera. […] Para que nuestra existencia no sea solo una preocupación material por el uso de las cosas, sino la vida de un espíritu que habita un mundo, que está presente en el mundo. Para esto es preciso permanecer. «Es bello el movimiento que nos lleva a conseguir nuestras metas, pero […] Se precisa reposo para nutrir el alma […] La movilidad no es otra cosa que ausencia» […] «Solo hay un problema, uno solo: redescubrir que la vida del espíritu, todavía más elevada que la vida de la inteligencia, es la única que satisface al hombre. […] La vida del espíritu comienza allí donde un ser ‘uno’ es conocido más allá de los materiales que lo componen».”

François Xavier Bellamy – Permanecer

Avanzando en el libro, Bellamy nos descubre el porqué de esta pérdida de sentido de un mirar hacia adelante del puro progresismo; él lo ve en la revolución científica y en Galileo y la pérdida de un punto fijo que ordene nuestro mundo, producido por el cambio cosmológico:

“no hay ningún lugar de reposo para los cuerpos que se mueven en el universo. No hay ninguna parte adónde ir: […] la superficie de esta Tierra que habitamos, está sujeta a los círculos que ella describe en el interior de nuestro sistema planetario, en medio de un universo en expansión. ¿Dónde podríamos pretender detenernos? ¿Hacia qué punto de llegada habría que dirigirse? No queda nada más que correr.”

François Xavier Bellamy – Permanecer.

Previamente, Bellamy nos reconoce que nada puede ser un progreso si algo ya es bueno, hay que luchar contra la “religión del progreso”, porque solo busca un cambio sin sentido, va contra lo humano:

«nada es en sí un progreso. No podemos hablar de progreso más que en relación a lo que nosotros consideramos, en un sentido absoluto, como un bien.»

«El progreso técnico en realidad no existe y menos todavía la idea ingenua que a veces nos formamos de una historia lineal, continua y progresiva del desarrollo humano gracias a la innovación técnica.»

«Nada es más alienante que dejarse llevar ilusoriamente por la idea de que todo lo nuevo es evidentemente un progreso.»

François Xavier Bellamy – Permanecer

Bellamy concluye su genial texto reconociendo por un lado que hay que saber reconocer valores heredados, pero que es necesario saber cambiar, el espíritu del hombre necesita del reposo al igual que del movimiento, pero el cambio de algo exige una reflexión profunda:

“El pasado es la materia prima del mundo en el que vivimos, y por este motivo hay que reflexionar dos veces antes de transformar ese mundo según los deseos del momento.”

“reemplazar todo lo que hemos heredado para poder construirlo nosotros mismos, es caer en una peligrosa locura. […] corremos el riesgo de debilitar las condiciones de nuestra vida social y de nuestra vida humana. […] lo que ponemos en riesgo es el presente.”

“A la pasión por el cambio no le debe responder la pasión por la inmovilidad, sino la sabiduría del discernimiento […] ¿Cuál es el fin de nuestros movimientos?”

François Xavier Bellamy – Permanecer

En el apartado “habitar el mundo” Bellamy da con la clave que se une con la visión de la arquitectura que hemos desarrollado:

“Tenemos necesidad de una morada, de un lugar en el que reencontrarnos que se convierta en un sitio familiar, en un punto fijo, un punto de referencia que organice el mundo en torno a él. La casa es ese centro construido por una libertad, por una memoria, por una experiencia alrededor de la que se organiza la conciencia que yo tengo de la totalidad del universo.”

“En […] «Construir, habitar, pensar», Heidegger muestra hasta qué punto la conciencia se mezcla con la materia para formar aquello que nosotros llamamos mundo, un mundo habitable, un mundo que conviene al hombre.”

François Xavier Bellamy – Permanecer

Finalmente, Bellamy concluye diciéndonos que debemos retornar a nuestra Ítaca, saber vivir nuestras aventuras de la vida, sabiendo que retornaremos a un punto fijo que es el hogar, donde vemos la arquitectura como ese lugar donde la permanencia humana es posible:

“Nosotros huimos del hogar, descalificamos a nuestra patria, deconstruimos las estabilidades naturales, revocamos la inmovilidad de las verdades eternas, para así poder continuar en movimiento, sin ver que esos puntos fijos son las condiciones necesarias para ese movimiento que tanto amamos.”

“una cultura que desvele en el tiempo lo que escapa al tiempo, es decir, las verdades que obligan a que toda inteligencia se dirija hacia ellas y hacia los ideales que orientan la vida de los hombres y la construcción de las ciudades.”

François Xavier Bellamy – Permanecer

Sedlmayr, desde el punto de vista del arte nos da pequeñas ideas también presentes en la obra de Bellamy, sobre la degradación de lo humano y que no hay que ver esta dolencia como una perdida y proponer un volver atrás, sino que hay que recuperar lo humano y la vida del espíritu que es lo único que realmente genera sentido:

“se le arrebatan al hombre sus elementos teomorfos, y con ello se le amarra, creyendo afirmar la autonomía de lo humano. […] falta la creencia de Dios, sin la cual no puede constituirse la idea del hombre.”

“la tendencia a lo extrahumano. Irrumpió de nuevo con el abandono de las cadenas antropomórficas en la arquitectura y la disolución de esta en ingeniería, y con la expulsión de hombre y naturaleza del recinto del arte.”

“Todos los intentos para volver al centro mediante la reinstauración de una antigua imagen del hombre y para combatir la inhumanidad de la época en nombre de un mero humanismo, no son más que la expresión de una nostalgia y no tienen poder curativo.”

“la vida del espíritu no es la que se asusta ante la muerte y se aparta de la corrupción, sino la que soporta y en medio de ella se mantiene”

“la imagen del hombre y de Dios en el hombre […] debe ser preservada a través de los torbellinos de la época, confiando en que en ellos se transformará y renovará”

Hans Sedlmayr – El arte descentrado (Verlust der Mitte)

La arquitectura como primera tarea de la tectónica es esa materia relevante que hace que el hombre pueda ser hombre, si la tectónica pierde de vista al hombre en todo sentido, en toda necesidad de su habitar en el mundo, haremos que, con nuestra arquitectura, el hombre no pueda ser hombre. Los hombres de hoy se maravillan con la arquitectura del pasado (y con todo arte, tectónica) porque, en esa época, en esa ciudad conformada por los siglos (o en ese cuadro, escultura, puente, etc.), la idea de hombre estaba patente, se respiraba en sus calles y en sus trazos; un hacer a base de ideas y acciones maduradas durante siglos forjando una antropología subyacente.

Si la arquitectura, por su primacía en la cuestión tectónica pierde una mirada hacía lo humano, haremos que con nuestra arquitectura el hombre se pierda en todo su obrar, incluyendo su demás hacer tectónico y existencial, intentando alejarse y superar lo humano. Tal como dice Bellamy, es necesario encontrar esa Ítaca, y la arquitectura es el marco necesario que, recuperando la idea de lo humano, pueda hacer que las personas encuentren su Ítaca.

Dante hablaba de “trasumanar”, pero solo yendo a favor de lo humano lograremos alcanzar la eternidad.