“La presencia de determinados edificios tiene, para mí, algo secreto. Parecen simplemente estar ahí. No se les depara ninguna atención especial, pero sin ellos es casi imposible imaginarse el lugar donde se erigen.”
Peter Zumthor – Pensar la arquitectura
Por ser lo más necesario para el hombre, la arquitectura
es sin duda lo más importante y esta es la razón de que
sea el arte más humilde, más invisible, marco para que
otras artes se expandan y tengan cabida.
La arquitectura es el marco invisible de todo quehacer
humano. Al fin y al cabo, es un mundo dentro de otro
mundo, que se transparenta con el mundo originario. Es
en sí, el mundo del hombre que está en el mundo, por eso
entre una cueva y una arquitectura, la única diferencia es
que una es creada (por Dios) y la otra es “compuesta”
(compuesto como lo no creado) por el hombre, por ello es
un arte invisible, realmente está ahí pero el hombre no se
da cuenta de todo lo que significa porque forma parte del
mundo habitable. Y habitar es innato.
Nuestro primer acto en este mundo es, como ya se ha
mencionado, habitar, antes de nacer habitamos el vientre
materno, la arquitectura responde a esta necesidad
primera, pero la arquitectura forma parte de nuestro
mundo, que se expande una vez hemos nacido; son
lugares al igual que lo son las montañas, los valles o los
claros de un bosque.
Es por ello por lo que es disruptivo darse cuenta de que la
arquitectura conforma mucho más que lo que ve el ojo, de
lo que percibimos con los sentidos, darse cuenta de que
nos constituye y define como ninguna otra cosa, significa
abrirse más plenamente a un sentido de nuestro ser-enel-
mundo.
La arquitectura es algo que se vive por lo general más
inconscientemente y quizás deba ser así, pero no
reconocerla como algo que es fundamental, como un
mero hecho constructivo, no como lo que hace que el
mundo sea mundo y mundo para el hombre, es donde
radica el problema. Es algo que va más allá de lo físico. El
mundo moderno odia lo arquitectónico y alaba el mundo
de la máquina, del movimiento y el cambio (Cf Sedlmayr, Hans. 1959. El arte descentrado. Barcelona: Editorial Labor. y Bellamy, François-Xavier. 2020. Permanecer, para escapar del tiempo del movimiento perpetuo. Madrid: Ediciones Encuentro).
Realmente la arquitectura nos orienta, nos ubica,
canaliza nuestra atención, nos salva, hace que podamos
contemplar otras cosas, porque cuando existe un cuadro
en una sala, solo existe el cuadro, la arquitectura nos
arropa en nuestra contemplación y lo hace calladamente,
como matriz de todo lo demás. Por eso es el arte más
humilde, porque nuestra vida es en relación con el
mundo y la arquitectura lo configura y acaba formando
parte de él. No obstante, moldea nuestro ser-en-el-mundo.
“Los eruditos llegaron a olvidar que antiguamente la arquitectura poseía también un sentido representativo, y que, entrelazada con las demás artes (no solo las figurativas), presentaba una imagen de lo que escapa a la percepción sensible”
Hans Sedlmayr – El arte descentrado (Verlust der Mitte)